regreso,
hago caso omiso
a sus melancolicos cantos,
y en vuelo rasante
con la misma indiferencia que el mar,
ignoro
las parcelas sangrientas,
los crudos escombros,
las zanjas mortales,
y con mis manos a la altura de la otra orilla,
alcanzo
a oirte
cocinando
sobre el lomo de la lumbre
el origen de todos los adioses.
Regreso,
rasante,
con la hermosa y valiosa fatiga
de entenderte.
A mis espaldas arden todas las fosas comunes
como arboles encendidos
iluminando
las tiendas negras de los nomadas.








